Dos caras del mismo régimen de ineficiencia
Rosa María Bayardo Cabrera y Riult Rivera Gutiérrez comparten más allá del deseo de gobernar Colima en el próximo periodo. Su ruta hacia el poder se asemeja a la de antiguos mandatarios incapaces de mejorar la condición ruinosa de la entidad. Ambos desempeñan el cargo de alcaldes en municipios abandonados, sucios y descuidados, sin infraestructura ni desarrollo, plagados de baches, maleza, inseguridad y corrupción. Su presupuesto, superior a mil millones de pesos, debería garantizar condiciones mínimas de bienestar, pero el dinero se destina a sueldos de funcionarios, sin que se produzca cambio real.
Bayardo Cabrera y Riult Rivera tuvieron la oportunidad de revertir la larga historia de deterioro institucional en las ciudades más importantes de Colima, pero su gestión no produjo cambios significativos. Ni Colima ni Manzanillo son mejores que hace dos años, y en algunos aspectos, el declive es más notorio en servicios públicos, infraestructura y administración de la nómina oficial. La gestión cotidiana en estas ciudades registra un continuo deterioro que afecta la calidad de vida de sus habitantes.
Ambos candidatos, representantes de la oposición y el oficialismo, comparten la misma falta de innovación y habilidad para comunicar ideas. Su capacidad para enfrentar las grandes problemáticas de seguridad, salud, crecimiento y progreso es cuestionable. Sus padrinazgos, aunque poderosos, no son una garantía de éxito.
Bayardo Cabrera, quien actúa como alcaldesa en funciones, cuenta con el respaldo de la gobernadora Indira Vizcaino Silva, mientras que Riult Rivera, de la ciudad de Guadalajara, tiene el apoyo del exgobernador Mario Anguiano Moreno. Sin embargo, sus perfiles son limitados y su visión del ejercicio del poder y el gobierno es corta. Son candidatos idénticos en flaquezas y debilidades, demostrando que la política local se encuentra en una espiral de mediocridad.
El electorado colimense enfrenta un desafío en las opciones electorales. Los dos candidatos representarían exactamente lo mismo, lo que plantea la necesidad de buscar una tercera vía que ofrezca una alternativa viable de gobierno. La perpetuidad de un régimen de incapacidad y negligencia ya extendida por al menos una década es un riesgo que debe ser evitado.
La situación en Colima requiere cambios urgentes en la gestión pública. Es crucial que la nueva administración ofrezca soluciones efectivas para problemas que han persistido durante años, y que no se repitan las mismas fallas del pasado. Colima merece una alternativa que pueda liderar el cambio y garantizar el progreso y el bienestar de sus habitantes.


