Colima, expuesto a desastres con mapas de riesgo desactualizados
En Colima, la prevención de desastres y el desarrollo urbano se ven obstaculizados por la falta de actualización de la información necesaria. Según un reciente informe del Programa Estatal de Ordenamiento Territorial Sustentable y Desarrollo Urbano de Colima (PEOTSDUC), nueve de los diez municipios requieren elaborar o actualizar sus atlas de riesgos, esenciales para mitigar amenazas como sismos, erupciones volcánicas, inundaciones y deslaves.
Comala y Cuauhtémoc, municipios ubicados cerca del Volcán de Fuego, carecen de atlas de riesgos reconocidos por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), lo que representa un riesgo significativo. En siete municipios, los documentos disponibles son de 2015 o anteriores, lo que pone de manifiesto el desfase temporal en esta información vital.
El atlas de riesgos es un instrumento fundamental que permite identificar zonas expuestas a riesgos naturales y humanos, orientar el crecimiento urbano y planificar medidas preventivas y de respuesta ante emergencias. Según el diagnóstico presentado para consulta pública el 12 de octubre de 2026, el Atlas Estatal de Riesgos data de 2015 y también requiere actualización. Solo Manzanillo dispone de un atlas reciente, publicado en 2024.
El rezago en la actualización de estos documentos adquiere mayor importancia en el contexto de las proyecciones climáticas. Los escenarios para el periodo 2021-2040 prevén una vulnerabilidad alta de los asentamientos humanos ante inundaciones en nueve municipios, con la excepción de Minatitlán, que pasaría de un nivel muy bajo a medio. Cuauhtémoc y Villa de Álvarez pasarían de una vulnerabilidad baja a alta.
Además, el informe señala que el riesgo de deslaves se extendería, con Manzanillo presentando actualmente el mayor nivel de vulnerabilidad, y Armería, Comala y Tecomán registrando un nivel alto. En la costa, se prevén posibles afectaciones a infraestructura estratégica debido al aumento del nivel del mar, lo que podría impactar principalmente la laguna de Cuyutlán, la autopista, la carretera libre a Manzanillo, el ferrocarril y las salinas. Con un aumento de 1.5 metros, el camino de acceso al Aeropuerto Internacional de Manzanillo también resultaría afectado.
El documento también aborda los peligros asociados con la actividad industrial y portuaria, incluyendo fugas de cloro y amoniaco, explosiones en instalaciones de gas natural licuado y posibles rupturas del gasoducto Manzanillo-Guadalajara. Se expresaron preocupaciones en los talleres participativos sobre el transporte y almacenamiento de sustancias peligrosas, así como la falta de una clasificación para evaluar sus riesgos.
En respuesta a este panorama, el proyecto propone actualizar los atlas de riesgos, revisar los reglamentos de construcción mediante estudios de microzonificación sísmica, fortalecer los sistemas de monitoreo y alerta temprana, garantizar rutas de evacuación, equipar a los cuerpos de emergencia y conservar humedales y esteros. Estas medidas buscan mejorar la preparación y respuesta ante posibles desastres en Colima.


