¿Quién manda después de Trump? Vance, Rubio y la factura de las elecciones intermedias
Mañana martes 3 de noviembre, Estados Unidos se prepara para nuevas elecciones intermedias que renovarán la Cámara de Representantes, parte del Senado y otros cargos. Según las encuestas, los demócratas parecen tener una ventaja, a pesar del encarecimiento de la vida diaria que ha sido atribuido a las políticas de Trump y a la reciente guerra contra Irán.
En el análisis de los actores políticos en Washington, se identifican tres niveles de poder. Primero, los que dictan la Constitución; segundo, los que dominan el acceso y el control del aparato del gobierno; y tercero, aquellos que podrían redibujar los resultados electorales.
JD Vance, el vicepresidente, es el segundo en importancia debido a la estructura institucional que establece la Constitución. Primero, la sucesión automática asegura que si el presidente se ve incapacitado, Vance asume inmediatamente. Segundo, la incapacidad presidencial le da a Vance un papel crucial en la administración de las funciones del presidente. Tercero, como presidente del Senado, tiene el voto de desempate. Cuarto, la legitimidad de su elección en la boleta presidencial contrasta con la designación de Marco Rubio, secretario de Estado, que puede ser removido por el presidente.
Marco Rubio, aunque ocupando cargos importantes, está por detrás de Vance en términos de poder. La Ley de Sucesión Presidencial de 1947 lo sitúa en el cuarto lugar, después del presidente de la Cámara de Representantes y el presidente pro tempore del Senado. Sin embargo, su papel en la administración, como asesor de Seguridad Nacional, y su participación en decisiones cruciales, como la operación que llevó a la captura de Nicolás Maduro, lo posicionan como una figura de gran importancia.
Aunque Rubio ha mantenido una postura de apoyo a Vance, se especula sobre sus intenciones para 2028. El segundo periodo de Trump sigue operando más como una corte que una burocracia, donde el poder se administra por cercanía y control del aparato. Esto explica el peso de figuras como Susie Wiles, subjefe de política, y Stephen Miller, director de comunicaciones, que pueden ser reemplazados en caso de derrota.
Si los demócratas ganan, la fase legislativa de aprobar reformas será reemplazada por una temporada de audiencias de cuestionamiento. Si solo consiguen la Cámara Baja, podrán bloquear nombramientos, presupuestos y iniciar un juicio político. El liderazgo demócrata en el Senado significaría el control de las confirmaciones de jueces y altos funcionarios, lo que podría ser un cuello de botella para un gobierno con alta rotación de personal.
La derrota del martes afectaría a diferentes figuras de manera distinta. Mike Johnson, presidente de la Cámara, asumiría la mayoría de la responsabilidad. Susie Wiles, subjefe de política, podría ser reemplazada por Stephen Miller. JD Vance, vicepresidente, sería el más afectado. Marco Rubio, aunque menos afectado, saldría mejor posicionado. La oposición demócrata, por su parte, recuperaría poder de bloqueo, investigación y un lugar en la línea de sucesión.
El reparto de responsabilidades se hará de acuerdo con las dinámicas de poder, donde la cercanía al presidente y el control del aparato pesan más que los cargos formales. La derrota del martes redefine las prioridades y las responsabilidades políticas en el escenario post-electorales.


