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Comercio fronterizo sitiado por «Nivel 4» de Washington

Comercio fronterizo sitiado por «Nivel 4» de Washington

Victoria, Tamaulipas. — Las persianas caídas en los centros comerciales de la frontera de Tamaulipas reflejan el impacto del sector terciario que sigue perjudicado por la inseguridad, las advertencias de viaje emitidas por Estados Unidos y la migración de los compradores texanos. Los locales enfrentan caídas en ventas que pueden alcanzar hasta un 30%, así como un constante cierre definitivo de negocios.

Reynosa, Matamoros y Nuevo Progreso enfrentan una parálisis en su principal motor económico: el comercio transfronterizo. Tradicionalmente, el flujo diario de estadounidenses que cruzaban la frontera para realizar compras, disfrutar de comidas o acceder a servicios médicos sostenía la economía local; hoy, ese motor funciona a pocos porcentajes de su potencial debido al miedo y a las restricciones vehiculares y peatonales.

La Federación de Cámaras Nacionales de Comercio (Fecanaco), liderada por Abraham Rodríguez Padrón, ha advertido que las advertencias del gobierno de Estados Unidos actúan como un freno psicológico, desalentando a sus ciudadanos y atacando directamente a los comercios que dependen de los dólares texanos para mantenerse.

La magnitud de la crisis se mide en términos de desempleo y pérdidas financieras. Tan solo en Reynosa, la derrama mensual que generaban los visitantes texanos —aproximadamente 370 millones de pesos— se derrumbó drásticamente, acumulando pérdidas de más de 100 millones de pesos durante el primer semestre de 2026, según datos del presidente de la Canaco local, Gildardo López Hinojosa.

El balance de los últimos tres años es devastador para la ciudad: cerca de mil negocios han cerrado definitivamente sus puertas, destruyendo más de 4 mil empleos directos. Esta crisis no es nueva, sino una agudización de una tendencia: entre enero y septiembre de 2024, la cámara ya registraba la baja de 800 establecimientos. El sector empresarial atribuye la crisis a una combinación fatal de robos, incertidumbre económica y la falta de garantías para mantener las operaciones.

A la falta de clientes se suma el golpe directo de la delincuencia. En el primer trimestre de 2026 se denunciaron 144 robos a negocios en Reynosa, una cifra alarmante que concentra el 43% de todos los asaltos comerciales del estado. No obstante, la Fecanaco aclara que la violencia no es el único factor de quiebra; las presiones financieras y la competencia comercial también juegan en contra de los empresarios.

En Matamoros, la crisis migró del comercio al corazón de la estructura laboral. Las alarmas están encendidas tras la pérdida de más de 20 mil fuentes de empleo en el último año debido al cierre o relocalización de empresas manufactureras.

Esta contracción industrial genera un efecto dominó inmediato: familias sin ingresos significan mesas vacías en los restaurantes locales y cajas registradoras paradas en las tiendas de barrio y centros comerciales.

La volatilidad operativa alcanzó su punto crítico el pasado 29 de octubre. Una jornada de bloqueos viales, afectaciones a la circulación y el cierre temporal de puentes internacionales paralizó por completo la actividad comercial y escolar de la ciudad. El Consulado de Estados Unidos ordenó el resguardo inmediato de su personal y emitió alertas de emergencia. Aunque la orden se levantó al día siguiente, el impacto económico sobre el turismo fronterizo profundizó el aislamiento de la región.

El turismo médico y hotelero de Reynosa y Nuevo Laredo opera bajo mínimos, registrando contracciones de hasta el 30% en la llegada de pacientes y huéspedes del Valle de Texas.

El principal freno viene dictado desde Washington. En su actualización del 30 de octubre, el Departamento de Estado de EE. UU. ratificó a Tamaulipas en el «Nivel 4» de su alerta de viajes. Es la clasificación más severa del gobierno estadounidense, reservada para zonas de alta peligrosidad, con una recomendación explícita para sus ciudadanos: «no viajar» debido al riesgo extremo de delincuencia y secuestro.

El impacto económico golpea con mayor dureza a quienes no tienen colchón financiero. Las tienditas de abarrotes, cafeterías, florerías y talleres mecánicos de la franja fronteriza resienten la falta de liquidez diaria y el aumento de los costos de operación. Al depender del flujo diario de peatones, la ausencia de compradores transfronterizos se traduce en deudas inmediatas.

Esta realidad contrasta con el panorama general del estado. Si bien Tamaulipas reportó un año histórico en 2025 con 16.6 millones de visitantes y una derrama de 15 mil 334 millones de pesos, el sector empresarial de la frontera norte insiste en que esas métricas —impulsadas por el turismo de playa y de negocios en otras regiones de la entidad— no reflejan la compleja situación comercial de las ciudades de la frontera norte, las cuales requieren de un tratamiento y una estrategia de reactivación urgentes.