Tráfico de antigüedades mexicanas: la red Eugene Alexander y las 52 piezas que Manhattan devolvió
El caso de tráfico de antigüedades mexicanas que fue desmantelado por la Fiscalía de Manhattan, centrado en Eugene Alexander, concluyó con su reconocimiento de culpabilidad el pasado 8 de julio de 2025, acusado de conspirar para el comercio ilícito de bienes culturales. Como parte del acuerdo negociado, Alexander se entregó voluntariamente junto a 44 piezas arqueológicas que tienen un valor estimado cercano a los 22 millones de dólares, según informa ARCAblog. Las investigaciones desarrolladas sobre su red criminal han facilitado hasta ahora seis operativos de repatriación de artefactos hacia México, recuperando más de 52 antigüedades valuadas en por lo menos 13 millones de dólares. La incorporación más reciente ocurrió el 15 de julio de 2026 y tuvo como pieza clave una figura cerámica originaria de Nayarit, incautada bajo custodia del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
Este historial judicial es vital porque expone la compleja mecánica detrás del mercado clandestino de patrimonio cultural: este delito no se limita a actos de robo aislados. Más bien, opera como una intrincada cadena logística que involucra a recolectores ilícitos en el sitio, restauradores profesionales, galerías comerciales, coleccionistas privados y complejos mecanismos financieros diseñados para otorgar una fachada de legalidad a objetos extraídos ilegalmente de sus territorios de origen.
La Unidad Anticuaria de Tráfico (ATU) de Manhattan, bajo el liderazgo de Matthew Bogdanos, ha logrado resultados monumentales. A través de su labor investigativa, han conseguido condenaciones contra 18 individuos y han recuperado casi 6,400 ejemplares culturales cuyo valor supera los 490 millones de dólares. Estas piezas han sido devueltas exitosamente a un total de 38 naciones soberanas, datos reportados por la propia unidad en su comunicado oficial de julio de 2026.
La operación de Alexander se caracterizó por funcionar durante varias décadas con una metodología industrializada. Los recolectores locales, provenientes de México, Europa Oriental y el Mediterráneo, tomaban fotografías de piezas apenas excavadas y enviaban estas imágenes a Alexander. Una vez que eran seleccionados los ejemplares, estos eran introducidos clandestinamente en Alemania, destino donde eran limpiados y sometidos a restauración exhaustiva para eliminar cualquier rastro del saqueo original. Desde ese punto nodal, Alexander procedía a la distribución de las piezas hacia galeristas y coleccionistas tanto europeos como estadounidenses, utilizando estructuras corporativas ficticias y cuentas bancarias registradas en paraísos fiscales.
En Nueva York, su colaborador principal fue el galerista Michael Ward. Este profesional operó desde su establecimiento en 980 Madison Avenue a partir de 1982 e interactuó con Alexander recibiendo más de cien antigüedades entre 2015 y 2019, según se detalla en la acusación penal presentada ante el Criminal Court of the City of New York el 6 de septiembre de 2023. Ward fue declarado culpable por facilitar crímenes en cuarto grado y falleció el 19 de marzo de 2025. Entre los compradores señalados en documentos judiciales destaca Michael Steinhardt, coleccionista que firmó un acuerdo de procesamiento diferido y entregó 180 artefactos con una valoración cercana a los 70 millones de dólares —un logro que la propia Fiscalía considera el mayor acuerdo de esta naturaleza en la historia de la ATU—. Asimismo, Richard Beale fue condenado por su relación con Roma Numismatics.
El elemento crucial que permitió hacer colapsar esta vasta red fueron registros bancarios alemanes incautados durante julio de 2022. La investigación se convirtió en un esfuerzo transfronterizo, coordinando tres jurisdicciones —Nueva York, Alemania e Italia— antes de culminar con la condena en Manhattan y el subsecuente arresto de Alexander tras su viaje a Zúrich, donde se entregó para ser procesado.
Desde una perspectiva arqueológica más amplia, las figuras que pertenecen a la tradición Tumbas de Tiro eran elementos acompañantes del difunto, encontradas en tumbas excavadas en cámaras y fosos a lo largo de los estados de Jalisco, Nayarit y Colima. La extracción ilegal no solo constituye un crimen contra el patrimonio; además, destruye permanentemente el registro funerario que es esencial para cualquier análisis arqueológico futuro. Un claro ejemplo es la figura guerrera nayarita, de 91 centímetros, que representa este valioso grupo artístico.
En el caso del cajete Xochipala, su periodo de origen en el Preclásico Medio lo sitúa en una época anterior a la formación plena de las grandes civilizaciones mesoamericanas conocidas. Los historiadores de arte señalan que los materiales procedentes de esta era específica son particularmente susceptibles al tráfico ilegal porque hay escasa materialidad comparativa en colecciones públicas.
La navajilla prismática de obsidiana es considerada por la comunidad arqueológica como un “marcador tecnológico”: una herramienta manufacturada en serie que permite a los expertos fechar y ubicar con precisión los sitios donde se realizaron las excavaciones. La presencia de este objeto dentro del circuito criminal de Alexander confirma, según los registros judiciales, que el tráfico no está limitado únicamente a objetos estéticamente atractivos, sino a cualquier pieza que posea una demanda específica en el mercado de coleccionismo internacional.
Es fundamental corregir mitos periodísticos: primero, las tres piezas repatriadas el 15 de julio de 2026 no estaban todas custodiadas por el Met. Solo la figura cerámica nayarita procedía del Museo Metropolitano de Arte. El cajete Xochipala fue incautado en la Galería Merrin de Nueva York y el núcleo de obsidiana fue retirado directamente al traficante Alexander, como ratifica el comunicado oficial de la Fiscalía de Distrito de Manhattan.
Otro mito es que el Met actuó con mala fe. La restitución se hizo posible gracias a una iniciativa propia del propio museo; autoridades mexicanas valoraron enormemente esta “ética y responsabilidad institucional” en sus declaraciones oficiales.
Finalmente, la idea de que Alexander fue el único responsable por el tráfico de bienes mexicanos hacia Nueva York es falsa. La Fiscalía de Manhattan ha podido identificar múltiples redes criminales operando independientemente. Las 52 piezas devueltas provienen del análisis de “múltiples investigaciones penales” y no están confinadas exclusivamente al caso Alexander, según lo establece el informe oficial más reciente.
Las tres piezas repatriadas en la fecha mencionada se encuentran actualmente bajo resguardo provisional del Consulado General de México en Nueva York. Están pendientes de ser trasladadas a la Consultoría Jurídica de la Secretaría de Relaciones Exteriores en Ciudad de México para su entrega definitiva al INAH. Su destino museográfico definitivo dentro de México aún no ha sido comunicado por las autoridades.
A modo comparativo, ejemplares similares de la tradición Tumbas de Tiro pueden ser observados y estudiados en colecciones permanentes como el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México.


