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Leonora Carrington: quién fue y qué hace única su obra

Leonora Carrington: quién fue y qué hace única su obra

La trayectoria artística de Leonora Carrington es tan compleja como profunda, y merece dos enfoques: uno conciso y otro exhaustivo. En esencia, fue una pintora, escultora y escritora de tendencia surrealista. Nació el 6 de abril de 1917 en Clayton Green, Lancashire, Inglaterra, y falleció el 25 de mayo de 2011 en la Ciudad de México. Más ampliamente, se la considera una de las últimas figuras vivas del movimiento surrealista histórico. Su importancia es reconocida por instituciones como el Museo de Arte Moderno del INBAL, que la sitúa junto a Rufino Tamayo como un pilar fundamental de la modernidad artística mexicana. Además, según datos del Dalí Museum, acumuló una obra impresionante compuesta por más de 2,000 cuadros a lo largo de su vida.

Hoy en día, el valor de Carrington trasciende el mero aspecto histórico. Ella construyó un lenguaje visual único que desafía cualquier clasificación artística sencilla; no puede catalogarse como muralismo puro, ni únicamente indigenista, y tampoco se limita estrictamente al surrealismo clásico. Su genio radicó en entrelazar con maestría elementos tan dispares como la mitología celta, símbolos prehispánicos de Mesoamérica, la alquimia, la cábala esotérica y el feminismo moderno. Esta mezcla rica y deliberadamente difícil de clasificar es precisamente lo que sigue atrayendo y fascinando a quienes descubren su obra por primera vez.

Criada en Crookhey Hall, una vasta residencia en Lancashire, procedía de una familia adinerada y católica. Sus primeros estudios artísticos fueron interrumpidos; fue expulsada de al menos dos instituciones religiosas antes de tener la oportunidad de estudiar pintura en prestigiosas ciudades como Florencia y Londres. Un punto de inflexión clave ocurrió en 1937, cuando conoció a Max Ernst, el pintor alemán, en Londres. A sus veinte años, este encuentro la catapultó directamente al vibrante círculo artístico surrealista que tenía su epicentro en París.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial desintegró aquel mundo creativo. Tras el arresto de Ernst en Francia por ser ciudadano alemán, Carrington experimentó un severo colapso nervioso y fue ingresada temporalmente en un sanatorio ubicado en Santander, España. Esta difícil vivencia psiquiátrica se plasmó magistralmente en su escrito *Down Below*, considerado uno de los textos más lúcidos y perturbadores sobre las prácticas psiquiátricas del siglo XX. Poco después, se escapó mediante el matrimonio con el diplomático mexicano Renato Leduc, iniciando un viaje por Nueva York hasta establecerse finalmente en México en 1942.

En territorio mexicano encontró algo invaluable que le hacía falta en Europa: la noción de tiempo, la distancia cultural y una comunidad artística alternativa. Su conexión fue crucial con otros artistas expatriados, especialmente la pintora española Remedios Varo y la fotógrafa Kati Horna. Las tres mujeres compartieron la experiencia del exilio, un profundo interés por los temas esotéricos y ocupaban una posición notablemente crítica dentro de un movimiento surrealista predominantemente masculino. Sus aportaciones a México fueron significativas: en 1963 creó el mural *El mundo mágico de los mayas* para el Museo Nacional de Antropología. Además, demostró su compromiso con la cultura al donar cuatro esculturas de bronce al Museo de Arte Moderno y fue reconocida con el Premio Nacional de Bellas Artes, recibiendo además el título de Ciudadana de Honor de México.

El simbolismo del caballo blanco atraviesa toda la obra de Carrington desde 1929. De acuerdo con análisis realizados por el Metropolitan Museum of Art, este animal representa un facetado aspecto de su yo instintivo y sirve como poderosa metáfora de la libertad absoluta. Su origen se remonta a su infancia en Lancashire, época en la que su madre y una nodriza irlandesa le transmitieron influencias del folclor celta, según documentan registros de Britannica.

Por otro lado, la figura de la hiena es mucho más ambigua. Dentro de la tradición occidental, este animal suele asociarse con lo desordenado o lo femenino peligroso. Carrington, sin embargo, logra transformarlo en una emblemática representación del poder y la capacidad de transformación; no busca domarla, sino que reivindica su fuerza inherente. Este análisis es compartido por expertos en museos como el Met y la Tate.

Tampoco son meros detalles ornamentales sus referencias a la alquimia, la cábala o el gnosticismo. El propio MAM/INBAL documenta que su léxico visual bebe directamente de estas fuentes místicas, junto con las doctrinas rosacruz y aquellas enseñadas por Gurdjieff y Ouspensky. Esto marca una diferencia esencial respecto al surrealismo freudiano dominante en el círculo de André Breton: su fuente del inconsciente no es el psicoanálisis, sino que se nutre de la vasta tradición esotérica occidental.

Según Carlos Segoviano, curador del MAM, los elementos recurrentes como los animales híbridos y los ciclos de metamorfosis apuntan a una ruptura creativa muy específica: Carrington logró independizar su obra de la obligación constante de portar un mensaje político o nacional. Esta liberación fue particularmente trascendental en el contexto artístico mexicano durante las décadas de 1940 y 1950.

Existe mitos que circulan sobre su vida, como el de haber pintado falsificaciones para subsistir. Su propio hijo, Gabriel, administrador de la propiedad familiar, desmintió esta afirmación en una entrevista a Believer Magazine con una única frase lapidaria: «Esto no es cierto». Es crucial entender que Carrington misma construyó intencionalmente una mitología personal repleta de detalles inverificables, y gran parte de esa narrativa se ha propagado como si fuera un hecho histórico.

Otro error conceptual fue asumir que era una artista inherentemente ligada al proyecto nacional mexicano posrevolucionario. Los archivos del INBAL aclaran taxativamente que su llegada no solo enriqueció el arte local, sino que precisamente lo revitalizó al liberarlo de esa misma obligación restrictiva. Tanto Carlos Segoviano como Marisol Argüelles son enfáticos en señalar que su impacto es cualitativamente distinto y no comparable con la tradición de la Escuela Mexicana.

Finalmente, un tercer mito es el de pertenecer totalmente a la escuela surrealista de André Breton. De hecho, Carrington se refería abiertamente a él como «el director de escuela» a sus espaldas, según registros de Verso Books. Tanto Sotheby’s como el MAM señalan que ella tomó conscientemente distancia del determinismo patriarcal del movimiento para desarrollar una voz artística propia, enfocada en la dimensión femenina y en lo esotérico, más allá del psicoanálisis freudiano que Bretón tanto defendía.

Respecto a sus obras, el *Self-Portrait (Inn of the Dawn Horse)* se encuentra en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. El Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México mantiene diez piezas clave de su acervo permanente, incluyendo *Reflections on the Oracle* (1959) y las cuatro esculturas donadas por la artista. Por otra parte, el mural *El mundo mágico de los mayas* (1963) se expone en el Museo Nacional de Antropología. Adicionalmente, existe el Museo Leonora Carrington en San Luis Potosí, registrado en el Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura, siendo el único centro mundial dedicado exclusivamente a su legado: reúne piezas gráficas, joyería y objetos personales. Se recomienda verificar la disponibilidad de las colecciones antes de visitar cualquiera de estas instituciones.