×

Quienes pierdan la interna

Quienes pierdan la interna

El análisis político rescata viejas tácticas aplicadas por el Partido Revolucionario Institucional desde los inicios del siglo actual, las cuales consistían en ganar tiempo y adelantar los procesos de designación. Esta estrategia buscaba reducir las posibilidades de que los contendientes derrotados generaran suficiente ruido político y terminaran resultando atractivos para las fuerzas opositoras.

Durante las décadas de los ochenta y noventa, los desprendimientos de militantes eran frecuentes. En aquellos años se comentaba popularmente que los partidos contrarios se mantenían a la expectativa de lo que pudiera sobrar al interior de la maquinaria gobernante, atentos para reclutar a aquellos perfiles que, considerándose con méritos suficientes, se sentían desplazados por la dirigencia oficial, especialmente si contaban con estructuras formadas y respaldo financiero.

Esta problemática representa una de las fases más complejas dentro de las definiciones internas: la gestión de los derrotados, sobre todo de aquellos que poseen recursos económicos, demuestran competitividad y tienen la fuerza necesaria para perjudicar al candidato oficial ya sea en la contienda por una presidencia municipal o por un distrito electoral.

En la época en que Manuel Cavazos Lerma gobernaba la entidad, la directriz era tajante al exigir disciplina partidista mediante discursos prolongados enfocados en la unidad. No obstante, esta postura carecía de efectividad cuando los aspirantes rechazados disponían de capital y peso político, ignorando los llamados institucionales para aceptar las propuestas de otras fuerzas políticas.

Para esos casos existían diversas opciones partidistas marginales en el pasado, un rol que con el paso de los años adoptaron diferentes siglas y institutos políticos emergentes. Ante la pregunta recurrente sobre qué hacer con los contendientes que se quedaban fuera de las listas finales, las respuestas de los exgobernadores variaban desde el tono despectivo hasta la estrategia de ofrecerles puestos menores de consolación o espacios en los cabildos entrantes.

Dichas concesiones no respondían a la generosidad, sino a un frío cálculo político bajo la premisa de que resultaba preferible integrar a los inconformes dentro de la estructura que dejarlos en libertad de acción fuera de ella. De ahí la importancia de apaciguar a los prospectos con anticipación y evitar retrasos en las definiciones, pues el costo político y económico de marginarlos suele incrementarse con el tiempo.

Las consecuencias de una fractura interna suelen ser severas, ya que la experiencia demuestra que los perdedores rara vez aceptan la disciplina sin resistencia. Sin embargo, en la actualidad, la cúpula estatal de Movimiento Regeneración Nacional carece de la habilidad política y la experiencia que caracterizaban a los operadores del viejo régimen, recordando a liderazgos firmes del pasado que sabían dialogar con las bases.

En la actualidad, la dirigencia del partido guinda en el estado muestra una presencia casi imperceptible, carente de liderazgo, formación ideológica o firmeza en el mando, una situación similar a la de su predecesora. Asimismo, la ausencia de figuras conciliadoras en la Secretaría General de Gobierno deja en el aire la atención de conflictos que antes se resolvían mediante la negociación y el consejo político.

Un claro ejemplo se observa en Ciudad Victoria, donde los aspirantes actúan con total libertad, ignorando por completo la disciplina interna y entregándose a una disputa constante de descalificaciones sin que ninguna autoridad partidista intervenga para poner orden.

El riesgo principal radica en el escenario posterior, cuando los contendientes queden fuera de las postulaciones oficiales y reciban ofertas de otras fuerzas políticas; sin un mecanismo adecuado para administrar las frustraciones, las deserciones masivas serán inevitables.

La máxima de otorgar todo el poder al vencedor suele ignorar que los perdedores conservan capacidad operativa e inercias de trabajo proselitista que no se detienen de manera inmediata. Casos de procesos internos pasados demuestran que los grupos inconformes terminan migrando hacia la oposición debido a la incapacidad negociadora de las dirigencias.

Por esta razón resulta indispensable contar con un plan estructurado de contención para aquellos que no resulten favorecidos, considerando la proporción de derrotados por cada espacio disponible y la necesidad de aplicar labores de inteligencia política para conocer a fondo los perfiles internos.