Conoce el “bluetoothing”, la práctica de drogarse con sangre que aumenta el riesgo de contraer VIH
Un método poco conocido y peligroso en el ámbito del consumo de drogas por vía intravenosa es la denominada “práctica del bluetoothing”. Consiste en extraer sangre de una persona que acaba de inyectarse drogas y transferirla a otra mediante una jeringa, con el riesgo significativo de contraer el VIH y otras infecciones.
La finalidad de esta práctica es que la segunda persona experimente, en parte, los efectos de la sustancia que permanece en la sangre de la primera. Los individuos que recurren a esta técnica también buscan compartir los efectos de una cantidad limitada de droga y reducir los costos, sin embargo, al hacerlo, introducen sangre de otra persona en su organismo, lo que implica riesgos significativos.
Científicos del mundo entero están trabajando en nuevas técnicas para frenar el VIH, pero el riesgo persiste y se debe extremar la precaución. Además de la transmisión del VIH, compartir jeringas aumenta las posibilidades de entrar en contacto con sangre contaminada, lo que eleva el riesgo de contraer otras infecciones como la hepatitis B y C, que afectan al hígado. A esto se suman posibles infecciones bacterianas graves, que pueden causar complicaciones y requerir atención médica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido advertencias sobre el riesgo de contraer VIH y otras infecciones a través de la práctica del bluetoothing. El riesgo aumenta cuando varias personas comparten agujas, jeringas u otros materiales de inyección sin esterilizar, y no siempre se puede saber si alguien tiene una infección, ya que puede no presentar síntomas.
Los organismos sanitarios insisten en la importancia de utilizar material estéril y no compartir equipos de inyección. La prevención y el acceso a pruebas permiten detectar infecciones y reducir nuevas transmisiones. La práctica del bluetoothing se ha documentado en Fiyi, donde un brote de VIH ha generado preocupación sanitaria, y en países de África como Lesoto, Zimbabue y Sudáfrica. En Tanzania también se ha descrito una práctica similar.
La presencia de estos métodos en diferentes lugares ha generado preocupación por sus posibles consecuencias para la salud pública. No obstante, la información disponible no demuestra que se trate de una práctica generalizada en todo el mundo. Los expertos advierten de la necesidad de vigilar este tipo de conductas y facilitar el acceso a servicios de prevención y atención sanitaria, con el objetivo de reducir el riesgo de VIH, hepatitis y otras infecciones asociadas al intercambio de sangre.


