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“Fuck la normalidad”: Diego Calva desafía los moldes en la cinta ‘Club Kid’, presentada en el FICM | Excélsior

“Fuck la normalidad”: Diego Calva desafía los moldes en la cinta ‘Club Kid’, presentada en el FICM | Excélsior

Morelia — Diego Calva no parece interesado en conformarse con una sola definición para sí mismo. En sus discursos sobre la sexualidad, la identidad mexicana y las decisiones que lo han llevado hasta donde está, defiende un mismo principio: vivir sin ajustarse a lo que otros esperan.

En la película “Club Kid”, dirigida por Jordan Firstman y estrenada en el Festival Internacional de Cine de Morelia, esa convicción se refleja en la figura de Óscar, un trabajador social que interpreta el papel de Peter.

La trama sigue a Peter (Firstman), un promotor de fiestas neoyorquino que, tras descubrir que tiene un hijo de diez años al que nunca conoció, se enfrenta a una responsabilidad inesperada que modifica su relación con el mundo de la noche. Óscar entra en su vida en medio de esa transformación.

Para Calva, “Club Kid” es una celebración de la posibilidad de vivir sin conformarse con normas preestablecidas. “Creo que Club Kid es una especie de fiesta donde todo el mundo está invitado, absolutamente nadie está excluido de la fiesta que es Club Kid”, explica en una entrevista.

Calva llega a esta conclusión al hablar de dos experiencias fundamentales: la migración y la identidad queer. Ambas, explica, comparten la presión de pasar inadvertidas para evitar el rechazo.

“Creo que tanto la situación migrante como la comunidad queer han sufrido mucho, hemos sufrido de tener que escondernos, de querer pasar desapercibidos, de tener que ponernos como la bandera de la normalidad para que no nos vean”, cuenta.

La necesidad de encajar es precisamente lo que Calva cuestiona. No quiere disimular su origen para resultar más familiar en otro país ni aceptar que alguien más determine cómo debe entender su sexualidad. En “Club Kid”, esa postura también se expresa a través del idioma: su personaje habla español y recibe respuestas en inglés.

“Yo no quiero pasar por americano, ¿entiendes? Yo no quiero que nadie defina mi sexualidad”, afirma.

No se trata, sin embargo, de sustituir una definición por otra. Cuando habla de su vida personal, Calva describe la sexualidad como algo que continúa explorando y que está ligado a una relación más amplia con el amor, incluido el que se tiene a uno mismo.

“Mi sexualidad es un tema que creo que se analiza y se entiende, me permito explorar muchísimo, y creo que la sexualidad para mí viene muy ligada al amor, no nada más al amor romántico, entonces si me voy a amar a mí, me voy a permitir también, no una definición, porque lo que más soy es Diego Calva”.

Esa disposición a no encerrarse en una sola posibilidad tiene raíces en la manera en que creció. Calva recuerda una juventud en la que pasó mucho tiempo patinando, recorriendo las calles, descubriendo música y reuniendo historias de las personas que conoció. Mirada desde el presente, esa etapa no fue un desvío de un camino que debía seguir, sino parte de lo que le permitió encontrar el suyo.

“Entonces pienso mucho en eso, no digo que no haya que estudiar, pero creo que agradezco mucho haber vivido, y a mi madre hay que agradecerle todo, una vida muy libre que me permitió encontrarme, más que exigirme ser”, expresa.

Calva no interpreta los errores únicamente como obstáculos que hay que superar, sino como experiencias que adquieren otro significado con el tiempo. Para él, llegar a un lugar también depende de las decisiones que, en su momento, parecían alejarnos de él.

“No me gusta pensar en la suerte, pero sí agradezco todas las malas decisiones que he tomado, porque creo que es lo que verdaderamente nos lleva a donde queremos llegar”, explica.

Esa libertad no significa tener resuelta la identidad, sino conservar la posibilidad de seguir descubriéndola. Calva no presenta su historia como un recorrido hacia una definición definitiva: habla de una infancia en la que pudo explorar, de una vida en la que aprendió a reconocer sus errores y de una sexualidad que no quiere reducir a una sola respuesta.

En el filme, mientras Peter se enfrenta a una paternidad inesperada y a la necesidad de relacionarse de otra manera con quienes lo rodean, Calva encuentra una historia sobre la posibilidad de construir vínculos sin ajustarse a un único modelo de vida. Su postura, dentro y fuera de la pantalla, parte de la misma convicción: ser uno mismo no debería exigir permiso ni una explicación que satisfaga a los demás.

El reto no consiste en alcanzar la normalidad, sino en evitar que esa idea se convierta en una frontera, que determine a quién se puede amar, cómo se debe vivir o cuántas formas de ser caben en uno.