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Chacalódromo: el pasillo de San Lázaro que ya lleva el nombre de Garfias | Excélsior

Chacalódromo: el pasillo de San Lázaro que ya lleva el nombre de Garfias | Excélsior

Ayer, San Lázaro celebró un minuto de silencio en memoria de Francisco Garfias, un destacado periodista que por décadas capturó en sus fotografías el corazón diario del pleno legislativo, trasladando la vida del recinto a los ojos de la ciudad. Sus imágenes, decoradas con flores blancas, adornaban la tribuna y, en la ceremonia final, frente a su familia, se reveló una placa conmemorativa que nombraba al foro de conferencias de prensa del recinto, un pasillo que en el mundo periodístico se conoce como el chacalódromo.

El apodo tan poco formal de ese pasillo guarda una rica historia que se remonta a 1853, cuando en México, la pluma era una herramienta de doble filo y la publicación llevaba consigo riesgos considerables. Durante el gobierno de Antonio López de Santa Anna, la Ley Lares obligaba a los periódicos a registrarse ante la autoridad y a entregar un depósito de miles de pesos, del cual el gobierno cobraba multas sin intervención de un juez. Como resultado, varios periódicos liberales cerraron, y el diario El Siglo XIX, donde Francisco Zarco trabajaba, resultó multado.

En 1855, con la Revolución de Ayutla, Santa Anna abandonó el país, y en febrero de 1856, con Ignacio Comonfort al frente de la Presidencia, se instaló el Congreso Constituyente, en el que Zarco era uno de los diputados. El 29 de abril de ese año, en una victoria crucial para el oficio periodístico, el Congreso aprobó reservar en las galerías una tribuna para periodistas, lo que permitió que las sesiones fueran públicas y llegaran a los lectores. Zarco narró el Congreso día tras día, afirmando que la prensa era una segunda tribuna, la que llevaba al país lo que se discutía adentro.

Más de un siglo después, en 1981, los diputados abandonaron el viejo recinto de Donceles, donde habían sesionado durante unos 70 años, y se mudaron a San Lázaro. Allí, con el tiempo, un pasillo del Salón de Plenos se transformó en el punto donde los reporteros esperaban a los legisladores, rodeándolos con grabadoras y micrófonos, como una manada de chacales que se acercan a su presa. Por esta imagen, en el gremio a esa actividad se le conoce como chacaleo, y al lugar le quedó el apodo de chacalódromo, un término compartido entre las redacciones sin que se haya documentado quién lo usó primero.

Francisco Garfias llegó a la fuente legislativa en 1989, después de seis años como corresponsal de este diario en Francia. Cubrió la Cámara y luego el Senado, y en su columna Arsenal, hizo de la crónica parlamentaria un oficio de todos los días; un oficio de vida. Raúl Bolaños Cacho, presidente de la Mesa Directiva, destacó que Garfias describió como nadie la vida del Congreso y que, a la par de narrar crónicas e historias de la vida política de México, escribió la suya propia, la del periodismo libre y sin ataduras.

El nombre de Francisco Garfias quedará en el chacalódromo que une la tribuna de 1856 con la de hoy, como recordatorio de que el Congreso se volvió público gracias a quienes insistieron en preguntar y como tributo a quienes dedicaron la vida entera a hacer que el poder sea un asunto de todos. Es un homenaje a su memoria que se honra cada vez que ese pasillo vuelve a llenarse de voces.