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Xalapa festeja a los melones más guapos de México

Xalapa festeja a los melones más guapos de México

En esta ciudad de Veracruz, lo que comenzó como una broma entre amigos hace más de dos décadas se ha convertido en una vibrante tradición anual que destaca por su creatividad y absurdo, con fruta en el centro de la acción.

La fila de participantes se extendía a lo largo del empinado puente empedrado, en la zona histórica de la ciudad. Muchos habían esperado un año entero para registrarse, ansiosos de no perdérselo.

Ese martes por la tarde, todos tenían lo mismo en las manos: un melón. Esta carrera de melones en Xalapa no solo es una de las tradiciones más coloridas de México, sino también una de las más insólitas. Se originó a raíz de un falso documental que se rodó hace dos décadas, en el que melones competían en una carrera por el inclinado puente empedrado, mientras las calles estaban cerradas en el Día de la Independencia de México.

“Me gusta mucho ver a la gente unirse en algo que no requiere gastar dinero”, explicó Sabrina Salem, una actriz de Xalapa que vive en España y que viajó solo para asistir a la carrera. “Es ver a mi ciudad unida por algo absurdo, lo que me parece lo más mexicano del mundo”, añadió.

Xalapa, la capital del estado de Veracruz, es conocida por su surrealismo. Casi medio millón de habitantes se encuentran rodeados de volcanes y bosques nubosos, lo que crea una niebla permanente que añade un elemento mágico. Sus calles empedradas, empinadas y sinuosas, a menudo carecen de un orden lógico en los números de las casas. La gente incluso come pizza con yogur por una tradición local.

“No diría que solo Xalapa es surreal, sino varios lugares en México”, indicó Kevin Sameer, usando una máscara de lucha libre del Hombre Araña y sosteniendo un melón decorado con el mismo estilo. “Podrías seguir caminando aquí en el puente y decir, ‘Oye, ¿por qué hay un gorila plantado en esa cima del edificio?’”.

Manuel López Rocha, uno de los organizadores originales de la carrera, recordó que ellos nunca terminaron el falso documental porque la gente empezó a animar y apostar por los melones más rápidos. Al año siguiente, sus amigos decidieron realizar la carrera de nuevo, y así se popularizó.

“Porque al final, es gente saliendo a la calle a jugar”, dijo López Rocha. “Eso es bien fuerte. Y ha sido también bien fuerte en momentos de la ciudad que también han sido bien difíciles”.

Un grupo de diez habitantes, entre ellos López Rocha, profesor universitario, se ofrecen como voluntarios para organizar el evento anual. Encuentran negocios locales para que lo patrocinen. Los premios son cupones para esos lugares, como roles de canela gratis en una panadería, un corte de cabello en una peluquería y una consulta con un psicoterapeuta.

Unos años después del inicio de la carrera anual, López Rocha agregó otra competencia: el melón más guapo. Cualquier persona puede participar en los dos concursos, que son gratuitos y se llevan a cabo llueva o truene. Los participantes deben usar un melón de cualquier tamaño de la especie Cucumis melo —gota de miel o cantalupo— para la carrera. Se otorgan premios al más guapo en las categorías infantil y general, y a los tres primeros lugares de la carrera.

Los melones más guapos se determinan mediante aplausos. La gente llenó una plaza debajo del puente para juzgar, y muchos se asomaban por los lados para gritar y vitorear a su fruta favorita. Había melones decorados con temas serios, como una mujer en silla de ruedas, presentado por un grupo local de sobrevivientes de violencia sexual. Un grupo de investigadores inscribió un melón decorado como un buitre, con la esperanza de crear conciencia sobre la importancia del ave para el ecosistema. Y había melones decorados con temas más cómicos o de la cultura pop, desde los Minions hasta Charlie Brown y Pokémon.

Salem y su novia, Anna Marchessi, una actriz y guionista española que también estaba de visita desde Madrid, competían con dos melones: una representación de la famosa estatua de la colosal cabeza olmeca del Museo de Antropología de Xalapa y otra del presidente Donald Trump, quien recientemente dijo que México ofrecía a Estados Unidos pocas cosas que necesitara más allá de los tamales. Su melón de Trump lo mostraba vendiendo tamales con la frase “Make Melones Great Again”. “Nos da placer ver la cabeza de Trump rodar por aquí”, dijo Salem.

Las tres inscripciones que ganaron en la categoría general representaban temas de la cultura mexicana. El primer lugar usó seis melones pequeños para recrear la antigua ceremonia indígena de los voladores de Veracruz, que giran en lo alto de un poste. Los subcampeones representaron al famoso cantante mexicano Juan Gabriel, durante su famosa presentación en el Palacio de Bellas Artes, y a un músico tradicional veracruzano de son jarocho, un género folclórico enérgico y comunitario, con el brazo del melón moviéndose para tocar un pequeño instrumento similar a una guitarra.

Diego Mortera y Ángel Mena, amigos que se conocieron en Xalapa el año pasado, decidieron competir después de escuchar a tantos vecinos hablar sobre el evento. Mara Yerena, una arquitecta de Xalapa, ha participado 15 veces. Dijo que los melones se han vuelto más elaborados con los años y que le encantaba cómo el evento fomentaba un sentido de comunidad, con tantos jóvenes participando. Ella y su amiga, Marbet Salazar, también arquitecta y de visita desde Ciudad de México, ganaron el segundo lugar en la carrera el año pasado y terminaron en tercer lugar este año.

Para la carrera, hubo nueve rondas de 25 melones cada una, con los cinco mejores avanzando a las dos semifinales y luego los 10 mejores de cada una a la final. Los melones fueron alineados en la cima del puente empedrado y luego los soltaron todos al mismo tiempo. Algunos bajaron a toda velocidad por la cuesta, mientras otros rebotaban lentamente por la calle de aspecto irregular. Las aceras del puente estaban repletas de espectadores que animaban a los melones lentos y se reían mientras los participantes perseguían su fruta rodante.

“No pensé que se llenara tanto”, dijo Marcel Trinidad.

Ella e Iván González, estudiantes de medicina en una universidad local, terminaron la carrera en el primer lugar y se llevaron los premios: cupones, una placa, un trofeo y su melón de 4 kilos con un caracol pintado en él, que compraron por el equivalente a unos 9 dólares en un mercado más temprano ese día.

¿El secreto para elegir un melón ganador? “Tiene que ser muy redondo, liso y tener mucha suerte”, dijo Yerena.