La 54. ª edición del Festival Internacional Cervantino, con Francia como invitado de honor
Del 3 al 18 de octubre de 2026, Guanajuato se convirtió en el escenario perfecto para las artes con la celebración de la 54.ª edición del Festival Internacional Cervantino (FIC), que reunió a 2,746 artistas en 212 funciones de música, danza, teatro, ópera, performance, cine y artes visuales. Francia, como país invitado de honor, participó en la conmemoración de los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y esa nación.
Organizado por el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Cultura y la Dirección General de Circuitos y Festivales Culturales, en colaboración con el Gobierno del Estado de Guanajuato, el Cervantino reafirmó su rol como uno de los encuentros culturales más importantes de América Latina y fortaleció su identidad nacional al ampliar significativamente la representación artística del país.
Esta edición trascendió el esquema tradicional de contar únicamente con un estado invitado, reuniendo 35 presentaciones de 20 entidades federativas, ofreciendo un panorama más amplio de la diversidad cultural mexicana. Durante las dos semanas de actividades, el público pudo disfrutar de un derroche de talento en diversos escenarios de Guanajuato capital. La 54.ª edición del Festival Internacional Cervantino ofreció una programación variada, con propuestas de danza, géneros musicales distintos, cine, artes gráficas, desfiles callejeros y representaciones artísticas de muy diversa índole.
Por primera vez, Francia, país invitado de honor, mostró a la audiencia mexicana una faceta fresca y novedosa de su arte, a través de la música, el teatro, el cine y las artes visuales. A diferencia de otras ediciones, en las que se invitaba a un estado de la República mexicana, en esta ocasión se convocó a las entidades federativas a participar, favoreciendo una mayor presencia y diversidad de expresiones culturales nacionales.
El público vivió días llenos de cultura, música y artes, transformando Guanajuato en un espacio de encuentro, celebración y convivencia. La ciudad se vistió de gala, con calles llenas de colores y emociones, mientras habitantes y visitantes compartían experiencias artísticas en diversos espacios emblemáticos de la capital.
Natalia Cruz y La istmeña: música de identidad y resistencia
La artista Natalia Cruz y su propuesta musical, La istmeña, música de identidad y resistencia, se presentaron ante un auditorio repleto en la Alhóndiga de Granaditas. El escenario se llenó de tonalidades, colores y una energía extraordinaria con las interpretaciones de música oaxaqueña, en un recorrido que evocó las raíces y la riqueza cultural del Istmo de Tehuantepec.
Con un amplio repertorio, Natalia Cruz rindió homenaje a la raíz africana que se mezcló de manera virtuosa con la música de raíces zapotecas, una tradición creada, enriquecida y transmitida de generación en generación hasta nuestros días. A través de sones, chilenas y boleros populares, la cantante interpretó temas como La Sandunga, La Martiniana, Naila, Luz de Luna y La Bruja.
Dotada de una voz privilegiada, cantó tanto en castellano como en zapoteco, con una pasión e intensidad que emocionaron al público y le valieron prolongados aplausos durante las casi dos horas que duró el espectáculo. Bajo la dirección y los arreglos del multiinstrumentista José Abraham Osorio Robles, diez ejecutantes de instrumentos de viento, percusiones y metales acompañaron la interpretación vocal de la cantante, creando una atmósfera sonora que realzó la fuerza y la riqueza de cada pieza.
Ataviada con la indumentaria tradicional de la mujer tehuana, un traje de gala antiguo, bordado a mano con hilo de seda, Natalia Cruz desplegó todo su talento sobre el escenario. Al referirse a su vestimenta, explicó que buscaba también homenajear “este oficio tan antiguo, que nos ha dado identidad, que es el tejido y bordado tradicional”.
Con más de dos décadas dedicadas a la música y, en particular, al rescate de la cultura zapoteca, Natalia Cruz demostró que su propuesta representa una contundente declaración de la belleza y la singularidad cultural del Istmo de Tehuantepec. Su presentación fue también una celebración de la memoria, las tradiciones y la identidad de una región cuya herencia continúa viva gracias a quienes la preservan y la comparten con nuevas generaciones.
La emotiva y nutrida presentación concluyó a petición del público con una magistral interpretación de La Llorona. La cantante hizo gala de su amplio registro vocal, de su capacidad interpretativa y de una pasión que volvió a conmover a los asistentes, quienes respondieron con una cálida ovación.
La Camerata de Salzburgo y el virtuosismo de María Dueñas
Dentro de la programación musical, otro espectáculo que despertó grandes expectativas fue Alma Mía, un homenaje a María Grever con la participación de la cantante guanajuatense Denise Gutiérrez. El Auditorio del Estado lució lleno para recibir esta propuesta dedicada a una de las compositoras mexicanas más reconocidas internacionalmente.
La puesta en escena resultó magnífica y contó con la participación de la Orquesta Sinfónica Juvenil Vientos Musicales, cuya frescura y pasión constituyeron el complemento perfecto para este recorrido por la vida de María Grever, sus canciones, su extraordinaria creatividad y su prolífica carrera musical. En la extraordinaria voz de Denisse Gutiérrez, canciones como Muñequita Linda, Alma Mía y Júrame —esta última, particularmente bella— recuperaron toda la fuerza emocional del legado musical de María Grever, de cuyo fallecimiento se conmemoran 75 años.
Las interpretaciones estuvieron llenas de sensibilidad, pasión y entrega, mientras el escenario se iluminaba con una atmósfera mágica que recordó al público que la buena música no tiene edad ni caducidad. Denise Gutiérrez, una de las cantantes más reconocidas de su generación, presentó un viaje sonoro que reivindicó la vigencia de una mujer visionaria, capaz de romper fronteras internacionales. María Grever estudió en Europa con el maestro Claude Debussy, musicalizó películas de Hollywood y fundó su propia editorial para hacer frente a las trabas de género de su época.
Con más de 800 composiciones a lo largo de su carrera, que abarcaron desde la música sinfónica y de cámara hasta el jazz, el rock y el mariachi, María Grever derribó muros y tabúes propios de su tiempo. Su trayectoria demuestra cómo el talento, la creatividad y la determinación pueden vencer barreras y trascender generaciones. El homenaje permitió redescubrir a una creadora cuya obra continúa formando parte de la memoria musical mexicana y cuyo legado permanece vigente gracias a la interpretación de nuevas generaciones de artistas.
La ópera-filme y la interacción entre cine, música y canto
La Camerata de Salzburgo, reconocida internacionalmente por la solidez de sus interpretaciones y por su vínculo histórico con Wolfgang Amadeus Mozart, se presentó en esta edición del festival junto a la violinista española María Dueñas. En el Teatro Juárez, las obras conocidas y reconocidas mundialmente, como Las bodas de Fígaro, de Mozart; el Concierto para violín en mi menor, de Felix Mendelssohn; y la Sinfonía n.º 2, de Beethoven, provocaron el deleite de la audiencia. Los asistentes respondieron con prolongados aplausos, reconociendo la calidad de una presentación que reunió la tradición musical europea con el virtuosismo de una de sus jóvenes intérpretes más sobresalientes.
Otra colaboración artística destacada fue entre el DJ francés Hervé y la compañía de danza urbana MazelFreten. El encuentro entre la música electrónica y el movimiento corporal dio como resultado un espectáculo dinámico de música y coreografía, recibido con entusiasmos por los asistentes. En Los Pastitos, la propuesta se convirtió en una experiencia colectiva que invitó al público a dejar atrás las preocupaciones cotidianas y dejarse llevar por el ritmo y el encanto de la música. Los sonidos electrónicos de Hervé resonaron con el lenguaje corporal de MazelFreten, en una interacción que combinó ritmo, movimiento y energía hasta desembocar en una explosiva presentación de electro dance. La propuesta mostró otra faceta de la creación artística contemporánea francesa y acercó al público a expresiones escénicas que dialogan con las nuevas generaciones, en las que la música y la danza se convierten en lenguajes compartidos capaces de generar una intensa conexión con los espectadores.
En el mismo género operístico, la Alhóndiga de Granaditas volvió a llenarse de magia con la presentación de la Banda de Música del Estado de Guanajuato y la Compañía de Ópera de Saltillo. Ambas agrupaciones ofrecieron un programa integrado por célebres arias de grandes compositores, entre ellos Puccini, Verdi y Wagner. La presentación recorrió algunas de las páginas más reconocidas del repertorio operístico, acercando al público a la fuerza dramática y la riqueza musical de estas obras. El célebre coro de los esclavos de Nabucco, de Giuseppe Verdi, cerró con broche de oro el espectáculo, bajo la dirección de Adalberto Tovar, al frente de la Banda de Música del Estado de Guanajuato.
La respuesta de los asistentes confirmó el atractivo de una propuesta que reunió el talento de músicos e intérpretes en uno de los recintos emblemáticos del Cervantino, donde la ópera volvió a encontrar un espacio para emocionar y convocar a públicos diversos.
La puesta en escena de La Belle et la Bête
La 54.ª edición del Festival Internacional Cervantino presentó una propuesta diferente: una ópera-filme titulada La Belle et la Bête (La bella y la bestia), basada en la película homónima del cineasta y dramaturgo Jean Cocteau, inspirada, a su vez, en el cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, publicado a mediados del siglo XVIII. La película de Cocteau se estrenó en 1946.
La ópera-filme fue creada medio siglo después por el compositor Philippe Glass, quien presentó una propuesta novedosa al combinar su característico estilo minimalista con una banda sonora de composiciones musicales completamente nuevas. De esta manera, las imágenes se sincronizaron con las voces líricas, integrando una experiencia escénica y cinematográfica singular. La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato estuvo a la altura del desafío, acompañada por la mezzosoprano Gabriela Flores y el barítono Enrique Ángeles, quienes interpretaron los papeles principales de Bella y Bestia, respectivamente.
La propuesta brilló en el escenario y cautivó al público, que pudo disfrutar de una combinación artística en la que el cine, la música y el canto lírico se integraron para ofrecer una experiencia diferente dentro de la programación del festival. Ni siquiera la lluvia de aquella noche pudo detener la magia del espectáculo. La ópera-filme fue un éxito, ofreciendo una nueva forma de abordar el cuento clásico a través de la mezcla del teatro, la música y el cine.
El teatro y el misterio de Edipo
La Alhóndiga de Granaditas volvió a llenarse para la presentación de la obra teatral El canto de Edipo, dirigida por el director italiano Alessandro Serra. El público, expectante, llenó todas las localidades, atrayendo a habitantes y visitantes que se encontraron con distintas expresiones culturales mientras recorrían las plazas, callejones y espacios emblemáticos de la capital guanajuatense.
La puesta en escena trascendió las palabras y el tiempo, convirtiendo el lenguaje, los sonidos y la expresión corporal en recursos esenciales para acercarse a los grandes interrogantes de la existencia. La dirección de Serra mantuvo vivo el misterio de una historia ampliamente conocida, adaptada al grecánico, un vestigio vivo del griego que aún resuena en la antigua Magna Grecia. Se trata de una lengua arcaica, musical e instintiva que, a través de la sonorización, intensificó el dramatismo de la puesta en escena.
Mediante las imágenes y la imaginación de los asistentes, la dirección de Serra mantuvo el misterio de una historia universal, invocando la profundidad de su significado. La propuesta ofreció una nueva aproximación a este viaje del héroe, que invita a mirar hacia el interior de nosotros mismos y a aceptar quiénes somos. La recepción del público confirmó la fuerza de una propuesta teatral que encontró en el lenguaje y la sonoridad una vía para renovar el acercamiento a una tragedia universal, sin perder la profundidad de su significado.
El canto de Edipo se presentó en dos ocasiones en el Teatro Cervantes, ante un público expectante que llenó todas las localidades. La puesta en escena, dirigida por el director italiano Alessandro Serra, retomó el mito de Sófocles y lo adaptó al grecánico, un vestigio vivo del griego que aún resuena en la antigua Magna Grecia. Se trata de una lengua arcaica, musical e instintiva que, a través de la sonorización, intensificó el dramatismo de la puesta en escena.
La respuesta del público confirmó la fuerza de una propuesta teatral que encontró en el lenguaje y la sonoridad una vía para renovar el acercamiento a una tragedia universal, sin perder la profundidad de su significado. La obra invitó a reflexionar sobre los aspectos fundamentales de la condición humana, demostrando la vigencia de los mitos clásicos y su capacidad para interpelar al espectador contemporáneo.


