La inteligencia artificial sostiene el castillo financiero
El informe sobre la estabilidad financiera mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI) para octubre de 2026 presenta una visión compleja y a la vez ambigua sobre la situación global. Los mercados han demostrado cierta resistencia desde abril, con ganancias corporativas sólidas y condiciones financieras favorables. No obstante, el FMI advierte que los riesgos persisten y que la resiliencia actual es más frágil de lo que podría parecer.
Una de las principales paradojas identificadas es que la inversión en tecnologías de inteligencia artificial (IA) ha compensado en gran medida los efectos negativos de tensiones geopolíticas y la incertidumbre en las políticas públicas. Esta inversión tecnológica es, en efecto, la principal fuente de optimismo actual. El FMI documenta cómo la participación de las empresas de IA en la emisión de bonos corporativos de grado de inversión ha aumentado significativamente, pasando de menos del 1% en 2024 a 10% en 2026. No obstante, se observa una reducción en los flujos de caja libre de estas compañías, lo que plantea preocupaciones sobre su capacidad de generar ingresos futuros.
El informe destaca también la creciente problemática del financiamiento circular, donde una serie de operaciones públicas han generado una gran cantidad de inversión accionaria y deuda, a cambio de compromisos futuros de ingresos. Estas operaciones se han materializado en un volumen superior a 1.4 billones de dólares. Si alguna de las empresas involucradas experimenta dificultades, las inversiones podrían perder valor justo en el momento en que se debilitan los ingresos que las respaldaban. Se estima que una reversión en la inversión en IA podría reducir la inversión mundial en un 1.3% hacia 2028, lo que sugiere que la misma tecnología que sostiene la economía global podría convertirse en su principal detonante de problemas.
Otro riesgo relevante identificado es la volatilidad de los bonos del sector público. Una posible reemergencia de la inflación o incertidumbre fiscal podría disparar los rendimientos de estos bonos en forma desordenada. Esto se debe a la alta deuda pública y a los vencimientos pendientes que aún requieren atención. El FMI señala que 14 de 33 grandes bancos centrales subieron su tasa de interés desde el segundo trimestre, frente a solo dos en el primer trimestre, en respuesta a los desafíos energéticos generados por la guerra en Medio Oriente. Se recomienda comunicación clara y respeto a la independencia de los bancos centrales, pero esto se presenta como una contradicción en sí mismo, ya que se exige disciplina fiscal a gobiernos con menos margen y más demandas presupuestales.
El informe también destaca los riesgos asociados a la IA y a los ciberataques. Se plantea que la misma tecnología que facilita los ciberataques también puede ser un recurso defensivo, lo que complica la regulación. Los riesgos de la IA y las ciberamenazas son intrincados y mutuamente dependientes, lo que hace que el proceso de regulación sea particularmente difícil.
Además, el informe señala otros riesgos como el apalancamiento excesivo, la falta de transparencia en activos poco líquidos y la dependencia de los fondos de cobertura y de los fondos de crédito privado directo. Las aseguradoras y los fondos de pensiones acumulan activos poco líquidos, lo que abre nuevas vías para el apalancamiento y el desajuste de plazos. Los bancos, por su parte, parecen haber superado con éxito la prueba de resistencia global, aunque con ciertas matices. En caso de una situación adversa, algunos bancos podrían mostrar fragilidades significativas. Los hogares han reducido sus deudas, pero una caída en el mercado inmobiliario o en las acciones afectaría más a las familias de menores ingresos. En las economías emergentes, se han erosionado algunos colchones de estabilidad, y la dependencia de financiamiento opaco ha debilitado la transparencia de la deuda.
Finalmente, el informe propone la necesidad de fortalecer la resiliencia, la transparencia y la preparación. Mientras que reconoce riesgos incómodos, plantea preguntas que el informe no responde completamente. Si los reguladores reconocen que el apalancamiento en torno a la IA es excesivo, ¿por qué esperar la corrección para contenerlo? Si la estabilidad financiera actual depende de una sola narrativa tecnológica, ¿la estabilidad es en realidad un logro o más bien una apuesta? Para los países que importan energía y participan poco en la cadena tecnológica, el FMI describe vientos en contra más fuertes. La lección podría ser que el verdadero riesgo no es el choque, sino la confianza que lo precede.


