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La Jornada: “El ser humano acelera la desaparición de especies a una escala desmesurada”

La Jornada: “El ser humano acelera la desaparición de especies a una escala desmesurada”

¿Cómo explicar a un niño la gravedad de la pérdida de biodiversidad y la urgencia de la acción? Esta cuestión animó a Clementina Equihua y Alejandra Medellín, ambas divulgadoras científicas, durante la creación del libro “Conoce algunas especies mexicanas en peligro y cómo podemos ayudarlas”. En lugar de adoptar un tono alarmista, las autoras optaron por la creatividad y el juego.

El libro, publicado por Alfaguara y ilustrado por Mariana Aguila, presenta una serie de actividades diseñadas para lectores de 10 años en adelante. Entre ellas, se encuentran crucigramas, mapas, sopas de letras y ejercicios de observación que acercan a los niños a la diversidad biológica mexicana. Los personajes del libro, como un ajolote que aparece al unir puntos, una mamá tapir y su cría que buscan su camino a la selva y una vaquita marina que invita a reflexionar sobre la pesca, hacen de la lectura una experiencia interactiva y lúdica.

“Las actividades humanas aceleran la desaparición de especies a una escala desproporcionada”, declaró Clementina Equihua, quien trabaja como divulgadora científica en el Instituto de Ecología de la UNAM, en una entrevista con La Jornada. “La pérdida de biodiversidad afecta a todos y nos daña en nuestra salud y en nuestro futuro”.

Para Medellín, cineasta y periodista visual especializada en divulgación científica, la conversación es la puerta que se abre para la protección del medio ambiente. “El primer paso para proteger el entorno es hablar sobre él. Todo comienza por empezar a hablar”, señaló. De esas conversaciones pueden surgir preguntas, observaciones y pequeñas acciones que, con el tiempo, se convertirán en hábitos duraderos.

Equihua llevó esta reflexión al ámbito cotidiano. “La biodiversidad no habita únicamente en bosques lejanos o reservas naturales. También está presente en los alimentos, en las plantas que crecen en una maceta y en los animales con los que convivimos todos los días”, destacó. “Hay miles de cosas sorprendentes que si dedicas un poquito, seguramente las vas a notar”.

La investigadora dirigió la atención hacia los ecosistemas que sostienen la vida: las selvas tropicales afectadas por la tala y la transformación del territorio, los arrecifes de coral amenazados por el calentamiento global y los suelos, un componente de la naturaleza que con frecuencia pasa desapercibido pese a que sostiene cultivos, bosques y comunidades enteras. “Si no tenemos suelos saludables, no podemos tener cultivos ni ecosistemas saludables”, enfatizó.

La selección de especies representó uno de los principales desafíos. El proyecto comenzó con una lista mucho más amplia de organismos en riesgo y después fueron elegidos aquellos capaces de contar historias y transformarse en experiencias lúdicas. “Obviamente, hay que hablar de polinizadores, de hongos y del suelo”, recordó Medellín.

El juego también puede convertirse en una herramienta de divulgación científica. Entre las propuestas figura un laberinto inspirado en las dificultades que enfrenta el tapir para desplazarse por territorios cada vez más ocupados por las personas. El libro incluye actividades sobre polinizadores, hongos, felinos y especies migratorias, además de ejercicios para observar el entorno y participar en su conservación.

Frente a un desafío que puede parecer inmenso, Clementina Equihua insistió en la necesidad de mantener una actitud activa. “Miles o millones de cabezas en esta época pueden tener ideas desde distintas perspectivas para transformar el futuro negativo que se está viendo”, consideró. Esa idea aparece también en las últimas páginas del libro, donde los lectores son invitados a imaginar acciones concretas para mejorar el planeta.

Medellín espera que los niños cierren el recorrido con esperanza y con ganas de participar. “Deseamos que de verdad lo disfruten y sea una oportunidad para reconectar con los adultos y para buscar una solución en conjunto porque, al final de cuentas, todos estamos en este planeta y el futuro es de todos”, concluyó Equihua.