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NO LA VI VENIR

NO LA VI VENIR

La realidad es un flujo continuo y constante, pero nuestra conciencia solo se enfoca en lo inmediato, lo que sucede en este instante. Esto nos lleva a ignorar los indicios sutiles de cambio que se producen en torno a nosotros. Según Heráclito de Efeso, “nada es permanente, todo fluye”, y esta idea sigue siendo relevante en la actualidad. Los científicos han explicado que nuestro cerebro tiene una tendencia natural a ignorar los cambios sutiles, para no sobrecargar nuestra conciencia con información innecesaria.

A medida que la realidad cambia, nuestra conciencia se resiste a aceptar estos cambios. Esto se debe a que nuestra identidad se ha aferrado a ciertas formas de ser y de sentir. La adaptación al cambio es un proceso difícil, ya que requiere dejar atrás lo que ya se conoce y aceptar lo nuevo y desconocido. Nuestra conciencia tiende a priorizar lo que es familiar y cómodo, y solo cuando la realidad nos golpea con fuerza, empezamos a derrumbarnos y a entender que la realidad ha cambiado.

El cambio requiere una transformación emocional y sentimental profunda. Es necesario dejar atrás las emociones y los sentimientos asociados a lo que ya se ha conocido, y aceptar los nuevos y desconocidos. Esto no es solo una cuestión de madurez, sino también de identidad. Debemos dejar de ser quienes éramos y desestructurar nuestro ego para construir uno nuevo. El ego se desarrolla en paralelo con la alma, y solo cuando la alma se vuelve a reestructurar, podemos lograr la madurez y la transformación requeridas.

La crisis y el cambio son momentos naturales de la vida. En lugar de luchar contra ellos, debemos aprender a adaptarnos y a transformarnos. La realidad es impredecible y puede sorprendernos en cualquier momento. Sin embargo, si nos acostumbramos a estar atentos y a adaptarnos a los cambios, podemos aprender a navegar por la vida con mayor facilidad. El cambio es un proceso natural, y debemos aprender a recibirlo con las manos abiertas y a adaptarnos a las nuevas circunstancias.

Finalmente, debemos recordar que la vida es un proceso de crecimiento y transformación constante. Debemos dejar de ser quienes éramos y convertirnos en quienes somos capaces de ser. El cambio no es un fin, sino un comienzo. Debemos aprender a recibirlo con gratitud y a aprovechar la oportunidad de crecer y transformarnos.