Un extraordinario puerto maya: Isla Cerritos
Una de las grandes civilizaciones, la maya, está experimentando un renacimiento debido a los recientes hallazgos que han permitido la identificación de numerosos asentamientos que existieron hace más de mil años, en territorios que hoy pertenecen a México, Guatemala y Belice.
Dado este aumento de interés, también se ha explorado más a fondo los puertos que estas grandes urbes mayas utilizaban para abastecerse y comerciar. Uno de estos portos es la Isla Cerritos, una pequeña isla de aproximadamente 200 metros de diámetro, situada a solo 500 metros de la costa yucateca, en México.
Isla Cerritos fue un puerto clave en las redes comerciales de Chichén Itzá, una ciudad sagrada que fue uno de los centros más importantes de la civilización maya en la península del Yucatán. Aunque estaba a unos 100 km de la costa, se utilizaba esta isla y otros puertos para sus múltiples actividades comerciales, ya que Chichén Itzá estaba situada tierra adentro.
La historia de Isla Cerritos abarca más de mil años, con evidencias de ocupación desde aproximadamente el año 100 a.C. Los primeros residentes costeros no solo explotaban los recursos marinos para su subsistencia, sino que también establecían relaciones de intercambio con otros lugares. Durante el primer periodo (100 a.C. – 400 d.C.), solo estaba habitada una pequeña área de menos de una hectárea, formando un poblado pescador. Sus conexiones comerciales eran de dos tipos: local, con sitios al oeste, este y centro de la península de Yucatán, y a larga distancia, principalmente con el centro de México, la costa del Golfo y Guatemala.
Los bienes que se elaboraban localmente incluían conchas, cerámica y piedra caliza, mientras que se importaban cerámica, sílex, basalto, obsidiana y jadeíta. Cuando se intensificó la relación con Chichén Itzá (750-1200), la isla comenzó a crecer y su infraestructura se multiplicó. En esta última etapa, el puerto alcanzó su apogeo, con una intensa actividad constructiva y una ampliación en la variedad de los productos que llegaban. Se importaban los mencionados anteriormente junto con otros, como ornamentos de concha, turquesa y cobre, a cambio de mercancías locales como sal, miel, algodón y esclavos.
Hay evidencias de una alimentación basada en recursos marinos, como restos de peces, tiburones, rayas, manatíes, tortugas marinas, cocodrilos y, sobre todo, moluscos. Durante su apogeo, Isla Cerritos se extendió por unas tres hectáreas y pudo albergar a varios cientos de personas. Tenía un enorme muro perimetral de 330 metros de largo, y entre dos y cinco metros de ancho, construido en el mar, situado a unos 80 metros al sur del islote, en dirección a tierra firme. Pudo ser tanto un dique como un muro de abrigo. Contaba con una entrada principal en el centro. También había varias instalaciones, situadas al norte, este y oeste, que facilitaban la entrada de naves y mercancías. Andrews dice que este puerto es único en el área maya.
Se encontraron construcciones vinculadas con el control de tráfico portuario, como dos montículos en el extremo noreste, que además de romper los vientos dominantes, podrían haber servido como puestos de vigilancia. También se convirtió en un importante centro redistribuidor de sal. Por una parte, pudo controlar el comercio marítimo de esta procedente de la región de Las Coloradas, una de las más importantes de este mineral en Mesoamérica, que está a más de 40 km de distancia por tierra. Pero también hay evidencias de que en la isla había un núcleo de producción de sal marina.
El auge económico de la isla como puerto principal en la costa norte de Yucatán se vio facilitado por su ubicación estratégica, cerca de la boca del estero de Río Lagartos y su papel en el comercio de sal. Isla Cerritos tuvo un papel importante en las redes comerciales marítimas establecidas en las costas de la península de Yucatán, con conexiones a larga distancia con el centro de México y Guatemala. No fue solo un lugar de intercambio comercial, sino un espacio portuario construido y adaptado para facilitar la navegación. Esa dimensión tecnológica está respaldada por la documentación arqueológica y constituye uno de los aspectos más originales del enclave.
El abandono de la isla (a principios del siglo XIII) que coincidió con el declive de Chichén Itzá apunta a la idea de que su destino estaba, durante la última etapa, ligado al de la élite de esta poderosa ciudad maya. De hecho, es muy posible que una parte de la obsidiana hallada en Chichén Itzá entrara por el puerto de Isla Cerritos. En los últimos años han aparecido nuevas teorías sobre la relación entre la Isla y Chichén Itzá, como las de Vasko (2016), que hacen referencia a un vínculo de colaboración y comunalidad más que de dependencia.
Las evidencias más recientes de poblamiento, del siglo pasado y del presente, son huellas relacionadas con campamentos temporales de pescadores.


