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Creyó que halló una simple piedra pero aseguran que podría cambiar la historia

Creyó que halló una simple piedra pero aseguran que podría cambiar la historia

Un agricultor egipcio realizaba sus labores en un campo cuando un hallazgo inesperado condujo a los arqueólogos hasta los restos de dos colosales estatuas reales. Entre ellas, una cabeza de piedra de aproximadamente 1,6 metros de altura se atribuye a Ramsés II, uno de los faraones más conocidos del Antiguo Egipto.

El agricultor se llama Khaled Khalil, que también se le conoce como Khaled al-Shahat Khalil en algunos medios. El descubrimiento ocurrió en Behbeit el-Hagar, una localidad en la gobernación de Gharbia, en el delta del Nilo, Egipto. Los expertos están investigando las piezas para determinar su origen y significado histórico.

Khaled Khalil recibió una gratificación oficial por reportar el hallazgo arqueológico. El Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto lo reconoció el 14 de octubre de 2026 por informar a las autoridades sobre la piedra antigua que encontró en sus tierras.

Entre los hallazgos destaca una cabeza de piedra atribuida a Ramsés II, una figura histórica reconocida. Las estimaciones sugieren que la estatua completa pudo alcanzar una altura de aproximadamente 8,5 metros, incluida su base. También fueron encontrados fragmentos de una segunda escultura real, cuya identidad aún no ha sido confirmada, además de un bloque de granito rosa con inscripciones jeroglíficas de aproximadamente 1,3 metros de altura.

Las dimensiones y el posible vínculo de las piezas con antiguos monumentos de la región han despertado el interés de los especialistas, quienes buscan determinar qué representan y qué información pueden aportar sobre el pasado egipcio. Behbeit el-Hagar alberga las ruinas de un templo dedicado a Isis, una de las principales diosas de la religión egipcia, lo que convierte el hallazgo en una oportunidad para investigar la historia religiosa y monumental del lugar.

Tras el descubrimiento, el agricultor informó a las autoridades, que iniciaron los trabajos arqueológicos para recuperar los restos y estudiar su procedencia. Las investigaciones deberán establecer si las esculturas formaron parte de un conjunto monumental y cuál era su función. Aunque el hallazgo podría aportar nuevos datos sobre la historia del antiguo Egipto, todavía no hay evidencia suficiente para afirmar que cambiará lo que se conoce sobre esta civilización.