El “diablo” Jáuregui: la otra versión | Excélsior
Personas fuentes de información confiable me han cuestionado respecto a mi columna publicada el día anterior, titulada “Almoloya y el paredón para el traidor a la causa”. En ella, planteé que la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, había llevado a cabo un abandono estructurado hacia el exfiscal de la entidad, César Jáuregui, quien hoy se encuentra en el penal de Almoloya, involucrado en supuestos delitos federales.
Asimismo, sostuve que al tomar esta medida, Maru Campos contribuía a completar la narrativa del Palacio Nacional respecto al episodio conflictivo y trágico de los agentes de la CIA, ocurrido en abril del año pasado.
Según las críticas que recibí, Jáuregui no solo no es un individuo sin reproches, sino que, en su paso por Chihuahua, se le ha acusado de ser un personaje poco transparente, investigado por supuestas extorsiones mediante el uso de expedientes judiciales.
Además, estas fuentes me hicieron ver que, a pesar de esta acusación, las autoridades locales no optaron por perseguir cargos más graves, sino que optaron por acusarlo de dos delitos menores con el objetivo de distanciarse de él sin que llegara a encarcelarse.
Asimismo, se mencionó que fue entonces cuando la Fiscalía General de la República (FGR) intervino, acusando a Jáuregui de traición a la patria y llevándolo a Almoloya.
Se destacó que la relación entre la gobernadora y la Presidenta continúa siendo muy tensa, lo cual no es un detalle menor en este contexto.
También se me hizo notar la relación que el exfiscal mantuvo con el alcalde de Ciudad Juárez y candidato de Morena, Cruz Pérez Cuéllar, quien, según se sugiere, podría estar aún “operando” hasta el sábado pasado.
En los complejos y llenos de incertidumbres mundos de la política y el crimen, es común que las primeras versiones no sean definitivas.


